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La parte científica se vincula estrechamente a la parte social, la económica, y la política como estrategia para la toma de decisiones en pro al logro del desarrollo sostenible.

 

La incorporación de la dimensión ambiental en los tiempos actuales ha implicado una nueva exigencia en los diferentes ámbitos de la sociedad. Se requiere de diversidad de procedimientos para el análisis y evaluación de impactos ambientales, las modificaciones de los ecosistemas frente a dichos impactos y las correspondientes propuestas de mitigación.

 

De acuerdo con Gudynas (2003), se requieren nuevas coordenadas y dinámicas de la discusión política, nuevas visiones ambientales de la calidad de vida, y metodologías para afrontar la escasez. Es evidente el deterioro de las condiciones ambientales. Son múltiples los autores que desde los ámbitos de la ciencia y hasta la política coinciden en describir la encrucijada a la que se enfrenta la especie humana, ante el continuo deterioro de los sistemas sustentadores de toda la vida en el planeta.

 

Las formaciones socioeconómicas prevalecientes durante la evolución del desarrollo de la humanidad, incluidos el capitalismo y socialismo, no han logrado ofrecer solución eficaz al deterioro ecológico y a la creciente crisis ambiental en nuestros tiempos. Por una parte las posiciones afiliadas al capitalismo sujetan las acciones del beneficio ambiental a la maximización de las ganancias económicas y a los resortes del mercado, con una extrema desigualdad e injusticia social, mientras que las percepciones de corte socialista están dominadas por un marcado humanismo, pero con limitaciones en cuanto a la gestión económica y al manejo ecológico (Jaula, 2008).

 

La crisis ambiental es el resultado de un sistema económico mundial gobernado por las fuerzas del mercado, en el cual no se ha dedicado un tiempo y una inversión necesaria para proteger los recursos y asegurar un desarrollo económico sostenible (Gutiérrez, 2008), es decir, un desarrollo que proteja el medio ambiente de los avances tecnológicos.

 

La intención de relacionar el papel de los Estados con las ciencias de la Naturaleza es anterior al propio nacimiento de la Ecología como ciencia propiamente dicha. Las prescripciones cooperativas a nivel mundial para un cambio de estilo de desarrollo provienen de la exhortación del Informe de la Comisión Bruntland (1987), que establecen la necesidad de ingresar a una nueva era de desarrollo de forma racional y desde la perspectiva ecológica. La conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992, llevada a cabo con presencia de 179 países, dejó establecida nítidamente la estrecha vinculación entre medio ambiente y desarrollo formulando principios fundamentales de orientación de las decisiones futuras y una alianza mundial de los estados.

 

El desafío está en la descentralización de las responsabilidades ambientales a los gobiernos sectoriales para aclarar las responsabilidades y funciones en los distintos niveles y optimizar la asignación de recursos humanos y financieros, se propone la metodología de toma de decisiones. Para la respectiva toma de decisiones, se basa en métodos de múltiples criterios para utilizar ante una situación, pues esta decisión debe ser considerada por un conjunto de atributos como ser:


•    Información disponible en términos de calidad, cantidad y otras características
•    Objetivos propuestos con el análisis
•    Tiempo para procesar la información
•    Estructura del problema para determinar la técnica adecuada de solución
•    Disponibilidad de recursos técnicos, económicos y humanos para la búsqueda de la solución.

Se debe destacar que la efectividad de la aplicación de estos métodos depende del contexto del objeto de estudio seleccionado y de la base de información disponible (Patterson, 2008). Si bien se pretende que la mayoría de la población entienda los conceptos técnicos inmersos en el tópico ambiental y la consiguiente toma de decisión, es posible generar conciencia a la población a través de programas de educación ambiental (Romero, 2000). En este punto es donde se encuentra el vínculo entre el ambiente y las relaciones internacionales; consideradas como ciencias sociales por el hecho de trabajar sobre las reacciones del desarrollo humano como individuo y como sociedad.

 

Esto se argumenta mencionando que, la ciencia no tiene objeto fijo, “cualquier problema puede abordarse científicamente siempre que involucre conocimiento” (Bunge, 1996). De esta manera la parte técnica y la parte social investigan los problemas como los mencionados anteriormente, y se establecen escalas de valores; que pueden ser traducidas como escalas de prioridades de medidas gubernamentales y por ende se ratifica la toma de decisiones.

 

Como es evidente, el desarrollo sostenible es en realidad un proceso en construcción. La tarea que resta es enorme, y necesita del concurso de todas las partes interesadas, por ello se convierte en un desafío político, porque todos tenemos la responsabilidad de proteger a la Naturaleza.

 

Todo ello con el propósito de reconciliar el medio ambiente con una elevada calidad de vida y economía sustentada y en función a las perspectivas de las sociedades de todo el mundo. Por todo ello que, es una efímera parte del campo de trabajo de las ciencias ambientales; y se requiere un nuevo Sistema de Información, en sus niveles nacional e internacional, que estructure el estado del medio ambiente, sus cambios, sus límites y flujo de  los recursos naturales como parte integral del desarrollo económico, social y político.


REFERENCIAS:


Bermejo, R. (1994). “Manual para una Economía Ecológica”. Editorial Bakeaz. España. Pp. 270-278.
Bunge, M. (1996) “Ética, Ciencia y Técnica”. Editorial Sudamericana. Argentina. Pp. 37-45; 68-69; 79.
Gudynas, E. (2003) “Ecología, Economía y Ética del Desarrollo Sostenible”. Revista de Ecología Política de Bolivia. Instituto para la Conservación y la Investigación de la Biodiversidad (ICIB). Capítulos 2, 6, 8, 9.
Patterson, M. (2008) “La Utilización de Técnicas Matemáticas en la Valoración Económica Ambiental”. Bolivia. Pp. 59-70. En: Revista Eco-Ambiental. No. 1.
Ribera, M. O. (2008). “Glorasio de Temas y Conceptos Ambientales”. Liga de Defensa del Medio Ambiente LIDEMA. Bolivia.
Romero, L. (2000). “Desarrollo de Conciencia Ambiental por medio de los Índices de Calidad”. Instituto Boliviano de Energía Nuclear. MEMORIA

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